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La princesa y el sapo | 20.SEP.09 | Cuentos y Relatos (Depresión y ansiedad)




Érase una vez una princesa que vivía en un reino muy, muy lejano. Su piel era pálida como la porcelana, según lo reglamentario en alguien de su condición, pero la genética le había jugado una mala pasada en lo demás; su cabello no era rubio como el trigo, ni sus ojos azules como el cielo, así que los príncipes preferían a las otras princesas antes que a ella, más que nada para seguir la tradición. Ya había cumplido y pasado los dieciséis años, que es la edad estipulada para encontrar al príncipe azul, pero todos acababan con sus amigas de cabello como el trigo y ojos como el cielo.
Un día, mientras paseaba por el bosque y cogía amapolas, se encontró con un sapo que tomaba el sol en una charca. El bicho le hizo un gesto para que se acercara y le explicó que en realidad era un príncipe muy apuesto al que una malvada bruja había hechizado, y que sólo el beso de una princesa le devolvería su forma.



A la princesa le daba mucho asco el sapo, pero se convenció de que el esfuerzo merecía la pena, así que cerró los ojos y le besó.

Y al abrirlos sólo había un sapo. “Uh…”, dijo él, “a lo mejor es que tiene que ser un beso de amor. La bruja no me dio muchos detalles”.

La princesa empezó a salir con el sapo, porque era el modo más fácil de enamorarse de alguien. Ni sus amigas ni sus padres creían la historia de que él fuese en realidad un príncipe, y querían que le dejara, pero ella tenía tantas ganas de ver su verdadera forma que siguió intentándolo.

“Ya me he enamorado de ti”, le dijo un día la princesa, “pero sigues sin cambiar”. “A lo mejor es que tenemos que hacer el amor”, contestó él. La princesa realmente quería al sapo, pero seguía siendo un bicho repugnante, y la simple idea de imaginarse la escena le horrorizaba. Sin embargo, lo llevó a su habitación en la torre e hizo el amor con él. Era la única forma de que cambiase.

Un rato después, la princesa se sentía triste y asqueada mientras en la cama, a su lado, el sapo se fumaba alegremente un cigarrillo. Él aseguró que no entendía por qué no había cambiado, que quizá tenían que encontrar la forma de hacerlo mejor, más perfecto.

Durante los meses siguientes, lo intentaron una y otra vez, cada día, de diferentes maneras. El sapo iba sugiriendo cosas nuevas, pero ninguna funcionaba. “Va a ser que tenemos que casarnos”, dijo al fin.

En ese tiempo, muchos príncipes se fijaron en ella. Al madurar habían descubierto que tener el cabello como el trigo y los ojos como el cielo no eran ni con mucho las cualidades más importantes en una mujer, pero ya era tarde. La princesa estaba segura de que su príncipe era el mejor de todos, y de que muy pronto los demás lo verían igual que lo veía ella.

Todo el mundo le dijo a la princesa que no se casara con él; que si no había cambiado ya, nunca lo haría. Pero ella tenía fe en que derrotarían juntos a la bruja malvada, y se casaron. Y el sapo seguía siendo un sapo.

“Cuando tengamos nuestro primer hijo, entonces”. Tuvieron dos hijos, un niño y una niña. Los dos eran bajitos, con la piel verde, y tenían la desagradable costumbre de cazar moscas en público con su lengua de metro y medio. Y el sapo, por supuesto, seguía siendo un sapo.

La princesa siempre estaba triste y vivía sumida en la desesperación. Muchas veces llegaba a su límite y tomaba la decisión de dejar al sapo, pero él le suplicaba que no lo hiciera, que la necesitaba, que sólo con su ayuda podría acabar con la maldición de la bruja. Y como ella le quería, se arrepentía y seguía a su lado. Y así pasaron los años, y el sapo seguía siendo un sapo, aunque tenía innumerables respuestas y excusas que darle a su esposa en cada ocasión.

“Cuando seamos reyes”, fue lo siguiente. Los padres de la princesa murieron, ellos se convirtieron en reyes, y el sapo seguía siendo un sapo. “¡Ya lo entiendo!”, exclamó desde el trono, “será uno de nuestros hijos quien vivirá emocionantes aventuras y encontrará la cura”.

Su hijo no destacaba por su inteligencia ni por su afán de aventuras. Además dejó embarazada a la hija de un duque importante (que sí tenía el cabello como el trigo y los ojos como el cielo, pero era extremadamente vulnerable a los efectos del licor) y tuvo que hacerse cargo de su nueva familia, así que ya no le quedó tiempo para viajar en busca de dragones que derrotar, doncellas que desvirgar ni curas milagrosas que descubrir.

Su hija, una muchacha poco agraciada, bastante tenía con intentar superar su propia depresión y su adicción a lamer la espalda de sus congéneres con propiedades alucinógenas.

Mucho tiempo después, la princesa yacía en su lecho de muerte, rodeada de su esposo y sus hijos y nietos mutantes. “Me prometiste que ibas a cambiar”, le recriminó al sapo, “y nunca lo hiciste”. “Aún no es tarde”, aseguró él. “Nos reuniremos de nuevo en el paraíso, y allí me verás con mi verdadera forma”.

Y la princesa murió confiada, creyendo que encontraría a su amor verdadero por fin. Pero de haber existido otra vida, allí el sapo seguiría siendo sólo un sapo.


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AnA  |  21.SEP.09  20:16  |   votos: 7 | 

A veces nosotras mismas nos negamos a ver y aceptar la realidad, el miedo a la soledad nos invade y nos limita, sin embargo no nos damos cuenta que aún estando con alguien, seguimos estando solas porqueese alguien solo nos usa para llenar sus vacios y nosotras lo permitimos quedandonos vacias con el paso del tiempo.
La reflexión aqui sería: ¿en realidad tengo que sentirme vacía para comenzar a amarme?
Yo creo que no


fernando  |  24.SEP.09  23:12  |   votos: 2 | 

cuanta gente hay con esta misma historia cuantos sapos sueltos prometiendo cambiar

yo  |  26.SEP.09  00:51  |   votos: 1 | 

joer,que feos son los sapos y que viscosos puaggggggg

lorena coral  |  17.OCT.09  06:42  |   votos: 0 | 

aveces las mujeres esperamos una ilusion.y darnos cuenta q la ilusion es una percepsion falsa
de la realidad es cuando llegas al dolor la ira y crees q el lo es todo cuando no es nada y por esperar la ilusion pierdes una vida


ana silvia  |  26.FEB.10  02:08  |   votos: 2 | 

dos personalidades con desequilibrios muy comunes en nuestros días
el sapo, don mentiroso que con tal de conseguir su objetivo traspasa todo los límites y valores humanos.
la príncesa por no luchar así tal cual con todas sus desventajas, se conforma con una ilusión del "quizás mañana todo cambiará"
parecerían complementarios no . . . ?


Citlaly  |  08.DIC.10  04:30  |   votos: 6 | 

Buenas a todos... Aunque estoy de acuerdo con el promedio de opiniones, en especial con aquello de las 2 personalidades muy comunes en la vida real, viendo desde otro ángulo la historia, creo que desde niños, sobre todo a las mujeres, se nos vende la "falsa idea" de que algún dia encontraremos a nuestro principe azul y esto vá reforzado por los cuentos de hadas, novelas, peliculas y caricaturas con las que crecemos día a día y asi llegamos a la adolescencia esperando encontrar a esa pareja perfecta, a ese principe azul... Y nos topamos con lo contrario (Sapos).. El comentario es, porque si estaba enamorada del sapo quería que cambiara? La respuesta es esa, compró la falsa idea del principe azul; Lo triste fué que no se dió cuenta que ya tenía a su lado a la pareja ideal, porque lo amaba, sin embargo, dejó que viviera en ella esa esperanza y pospuso su felicidad hasta después de la muerte.

Marleny  |  10.MAY.11  20:26  |   votos: 0 | 

Muchas veces no conocemos realmente a la persona k amamos y nos volvemos confiadas y tontas

thaiz  |  15.JUN.11  01:17  |   votos: 0 | 

hola.. stoy de acuerdoo kn ls kmentarios anteriores.. pzz es cierto nosotras las chicas sobre todo las adolecentes nos creamos un chico perfecto sabiendo q nunk a existido.. ii negandonos los detalles de ellos diciendo un simple hecho de ( el me ama y se q algun dia cambiara)

jacfbcfv  |  18.AGO.12  02:45  |   votos: 0 | 

huy!!! que cuento tan crudo, asqueroso y cruel! yo del beso no hubíese pasado!!! lo siento por el pobre sapo!jejejeje

carlos  |  20.DIC.12  14:26  |   votos: 1 | 

yo soy unos de esos sapos vago triste siempre pensando en mi, perdi a mi esposa por sapo, menos mal que ella creo que se dio cuenta que yo era un sapo y que no valia la pena ni besar ni hacer el amor con un sapo nunca mas


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