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Equilibrio Emocional

Dar entrada a la emoción

Contadora y especialista en Sistemas, luego de atravesar un momento de inflexión en su vida, desarrolló su propio Modelo de Transformación Personal, una suerte de Coaching integrador. Ahora lo transmite a sus colegas y profesionales de otras áreas, y difunde en Argentina el Diálogo de Voz Interior.

Después de 25 años de haber trabajado en el área de Sistemas de grandes empresas multinacionales, Nora Fusillo sintió venir un cambio importante. Claro, los sistemas informáticos que ella había diseñado ya venían armados de afuera, donde se compraban los equipos, y su futuro laboral cambiaría mucho. “Fue un punto de inflexión en mi vida, aunque no lo viví con shock”, explica. Su formación de base es como contadora, aunque también estudió danzas. Y sintió que era hora de buscar algo distinto. Hizo las valijas y emprendió una travesía por distintos lugares, formándose y enriqueciéndose en lo más personal. Primero, a Estados Unidos, Shakti Gawain; también con Deepak Chopra, luego a Inglaterra y la India. “Cada seminario que hacía era para reenfocarme yo misma, pero no creí que eso pudiera servir para trabajar con otras personas”, dice, asombrada.

A la vuelta de sus viajes, volvió a trabajar con su equipo de Sistemas en Gillette. “Me notaron tan cambiada, que me pidieron que les diera los cursos que yo había tomado. ‘Transmitilo como vos lo viviste’, me dijeron, y así lo intenté”, repasa. Entonces, en 1995, coordinó el primer grupo, en un momento en que estas actividades de reflexión no eran muy bien vistas en un ámbito empresarial. Como era contadora, miembro del Consejo Profesional de Ciencias Económicas, fue a ofrecerse allá. Ya en 1997, anticipándose a la peor época de la recesión, le pidieron que coordinara grupos de desempleados o subempleados. “Me sorprendió descubrir que hay cosas que uno hace sin saber por qué, pero responden a la intuición y crean una sincronicidad. Yo tenía la capacidad de superar la adversidad, y ver las oportunidades en medio de un problema. Y no todo el mundo la tiene”, explica. Cuando comenzó con estos grupos, que rápidamente se multiplicaron, comprendió que algo importante podía hacer con ellos. Para ese entonces publicó “Se acabó el desempleo”, de editorial Norma, que fue un éxito de ventas.

Pocos años después, Nora Fusillo ya había desarrollado su Modelo de Transformación Personal, una suerte de coaching integrador, que se nutre de diversos temas: cómo desarrollar la intuición, cómo integrar las emociones en la vida, cambiar los paradigmas y revisar la forma en que se percibe el mundo y a los otros. Este método está volcado en el libro ‘Plus Personal en la Empresa’, de Editorial Buyatti. “Es como una tesis. Yo cito las fuentes que a mí me deslumbraron y lo muestro en ejercicios para que cada uno se autodiagnostique, y sepa a qué autor recurrir para seguir trabajando”, dice. “En el ámbito de las empresas, han aplicado este modelo para el trabajo en equipo, buscar la excelencia con el menor esfuerzo, mejorar clima laboral, aumentar la calidad en atención al público. Siempre el foco está puesto en cómo nos comunicamos. Para pensar en cómo me expreso, primero trabajamos la escucha”, explica.

Escucho, luego existo

“Cómo escuchar al otro y cómo escucharme a mí en paralelo es un tema central. El ruido, en la comunicación, siempre se produce en mi propio pensamiento, y tengo que poder aquietarlo para darle real atención al otro”, asegura. Después, entonces, es posible trabajar la valorización personal, la seguridad en sí mismos y la confianza.

En la etapa siguiente de este trabajo, es importante ampliar la vista de las posibilidades, que está estructurado en la ‘Programación para el éxito’. “A veces las personas transitan en un andarivel que no les permite percibir que tienen más campo de acción que el que está inmediatamente delante suyo”, señala.

La cuestión de la creatividad también es uno de los puntos clave: “Tenemos que convencernos de que todos somos creativos. Al estimular la imaginación se dispara la creatividad. Entonces hay que aprender a aquietar lo racional, para darle entrada a lo que la emoción nos quiere decir. Y aquí se conecta con el cuerpo, porque la química corporal es más veloz que la mente. Siempre que haya una respuesta de placer o displacer, hay que prestarle atención para saber si debo o no avanzar”.

Del trabajo a casa

“Suele suceder que, cuando una empresa me contrata y les da esta posibilidad a las personas, ellos se llevan la experiencia a lo personal. Si bien es un adicional que les ofrecen para que trabajen mejor, para la integración entre áreas o algún otro objetivo, la persona es quien primero se ve beneficiada, y hasta lo aplica para los vínculos con sus hijos adolescentes, con su pareja y en todas sus relaciones, además de las laborales”, se enorgullece Fusillo. Incluso, dentro de la empresa, asegura que los cambios se hacen eco rápidamente, cuando apenas un integrante de un equipo participa de estos talleres: “Sin proponérselo, es un facilitador y modela el cambio en los otros”.

Las voces desoídas

“Para poder atravesar las circunstancias de la vida, el ser crea esa cáscara –que luego se convierte en una coraza- que es la personalidad. Eso dura hasta que se es independiente, y esa etapa va dando una trama, que tiene varios aspectos que hemos dado en llamar voces”, dispara Nora Fusillo cuando comienza a hablar del Diálogo de Voz Interior, un método desarrollado hace más de dos décadas por los californianos Hal y Sidra Stone, marido y mujer. Ahora, Nora está decidida a darlo a conocer en nuestro país.

Las voces primarias que forman ese entramado son las que nos llevan a cumplir determinadas metas: “Recibirnos, tener una pareja: las metas básicas de todo el mundo. Pero sucede que, si luego no logramos observarlas, reflexionarlas y empezar a transformarlas, esas mismas voces son las que nos traen conflictos”, señala.

Esas voces primarias son:

  • El Protector-controlador, que actúa sobre todas las demás.
  • El “Pusher”, que es quien lleva a la persona a concretar las metas, pero a cualquier precio. Sin importar las consecuencias de no dormir por quedarse estudiando, o de convertirse en un workaholic.
  • Un crítico: es el que surge de las críticas recibidas en la infancia, por parte de los padres, y que se puede reforzar por alguna experiencia en la escuela, que deja una huella.
  • El perfeccionista, que lleva a pensar que si no se hacen las cosas maravillosamente, es mejor no hacerlas.
  • Un fijador de reglas, que dispone que las cosas tienen que ser de determinada manera. Este proviene de los mandatos impuestos recibidos de los padres.
  • El complacedor, o “pleaser”, es quien prioriza las necesidades de los otros, y posterga las propias en función de satisfacer al resto. Se rige por la dependencia del afecto y la aprobación de la mirada de los otros.

“Detrás de cada primario, hay un opuesto desoído, negado o rechazado. Si alguien está muy pegada a un crítico pierde el disfrute de reconocerse en sus logros. Y si lo rige el pusher no balancea con el ocio, ni logra alejarse del hacer para conectarse con el ser”, explica Fusillo. Entonces, con este método, trabajan en reprogramar la atención a esas voces. “Hay un ejercicio con tres sillas. Uno se sienta en la central, y según el conflicto que se plantea, pasa de una silla a otra, dejando hablar las voces primarias y sus opuestas. Donde no hay consenso interno es donde están los conflictos. Luego, cuando regresa al centro, puede reflexionar y construir un ego conciente, que mira la acción en perspectiva”, relata.

El objetivo, en estos casos, es ir hacia las voces desoídas, las de la creatividad, la intuición y las emociones. Porque como bien lo explica Fusillo: “Respetando a las voces primarias, que fueron necesarias para sobrevivir en esa primera etapa, es posible reconciliarse para empezar a ser más feliz”.

  • El ruido, en la comunicación, siempre se produce en mi propio pensamiento, y tengo que poder aquietarlo para darle real atención al otro.
  • La química corporal es más veloz que la mente. Siempre que haya una respuesta de placer o displacer, hay que prestarle atención para saber si debo o no avanzar.

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