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Las crisis no implican ruptura

“Las crisis de pareja forman parte de la relación amorosa –dice la reconocida sexóloga Diana Resnicoff, y amplía el concepto-: se trata de momentos difíciles, en los que el vínculo parece tocar fondo y sobrevuela el fantasma de la separación. No significa inevitablemente el fin de una relación, pero su presencia hace saltar una alerta que nos avisa que algo no va bien. Que esa relación que empezó siendo muy fluida, puede verse interferida por factores individuales (dependientes de la historia de cada uno de sus integrantes) o internos, como el cansancio, el estrés, problemas laborales, familiares o económicos… Casi sin darse cuenta, la convivencia se convierte en una serie de silencios tensos, respuestas enojosas y rencores continuos. Incluso también resulta observable que es más fácil echar la culpa de todo al otro, asumir un papel de víctima y poner distancias y barreras a la comunicación. En el trasfondo de estos comportamientos hay una dificultad para asumir la verdad, especialmente la propia responsabilidad, además de los miedos y las emociones más íntimas que a veces cuesta tanto exteriorizar. El conflicto se vive como una amenaza, que abre una fisura en nuestra frágil seguridad emocional. El desenlace dependerá de cómo sepamos afrontar esta crisis, que seguramente requiere un cambio de actitud y de enfoque de ambos integrantes de la pareja. Sólo hay un elemento indispensable: la voluntad de los dos para resolver la situación y entender que los acuerdos se van renovando constantemente. Entonces es posible aprovechar las crisis como lo que realmente son: una posibilidad de cambio y crecimiento”.

-¿Es posible reconectarse con el otro desde el cuerpo?

-Si la pareja da mucho valor a la comunicación y a la seducción, y estas situaciones ya existieron entre ambos, han quedado registradas cual huellas en sus respectivas pieles. La memoria de nuestra piel mantiene registros de contactos y caricias con las personas que alguna vez nos quisieron y que nos hicieron sentir bien. Recordarlas y repetirlas puede recomponer un vínculo de pareja, en el cual ambos utilicen además de esos recuerdos su parte creativa, su propio Kamasutra, para crear nuevas situaciones.

Contra el aburrimiento

“Cuando todo se vuelve rutina, las personas sienten que ‘ya no es como antes’, o que se aburren. Esto trae aparejada una disminución del deseo sexual y falta de ganas”, explica la sexóloga. Pero no todo pasa por este plano. “También sucede que a veces cada uno toma su propio camino y tiene proyectos individuales, pero no proyectos con el otro. Pienso que es importante que la pareja tenga proyectos individuales gratificantes, pero es también fundamental que se dé un espacio para crear un proyecto o varios en común”, agrega.

Compartir una actividad estimulante puede resultar el boleto para llegar esa nueva experiencia compartida. “Si, además, esa actividad otorga sensaciones muy placenteras, las posibilidades son muchísimas –asegura Resnicoff-. Por ejemplo: cada uno, a su tiempo, podría proporcionar al otro un masaje erótico, que puede ser un acto satisfactorio en sí mismo. Muchas parejas disfrutan esto de un modo especial, porque es una oportunidad para que uno se concentre en dar y el otro en recibir. Además, el masaje tiene el efecto general de relajar, da la oportunidad de pensar y gozar el tacto y permite afinar la agudeza y profundidad de los sentidos”.

-Hay una idea arraigada de que las parejas son ‘para siempre’, ¿qué se puede hacer para renovar el contrato día a día?

-No olvidarse de la comunicación verbal como algo sustancial en el marco de funcionamiento de la pareja. Así, el diálogo pasa a ser como una especie de ‘vacuna’ que previene contra todo tipo de malos entendidos. Hay un mito predominante en nuestra cultura acerca de que la relación sexual entre dos personas que se aman tiene que darse de manera natural y espontánea. Y muchos creen que no es necesario hablar de sexualidad. Algo así como creer que si nuestra pareja nos quiere de verdad, debería adivinarnos el pensamiento. Pero las mismas normas que rigen la comunicación sobre el dinero y la educación de los hijos son válidas para la comunicación sobre preferencias, actitudes y sentimientos sexuales.

-¿Cómo sería, entonces, la mejor manera de charlar sobre sexo?

-Lo primero es compartir: contarle a la pareja las necesidades, deseos, anhelos, secretos, temores y fantasías. Y pedir información: no hay que presuponer que conocemos las respuestas, y no hay que tener miedo a oír respuestas que pueden no responder a nuestros deseos. También hay que saber pedir lo que deseamos, pero sin olvidar que una petición no es una exigencia. Para eso, hay que asegurarse de que el tono de voz y la expresión corporal envíen el mismo mensaje que las palabras. Y siempre conviene exponer los hechos positiva, no negativamente: “Quiero hacer el amor contigo más a menudo”, es una declaración positiva.

-¿Qué consejos les daría a las personas de más de 55 años para que puedan disfrutar mejor del sexo?

-El mejor consejo es que piensen que empieza una etapa nueva en sus vidas, y que si la saben disfrutar puede ser plena, maravillosa. El momento en que los chicos se van del hogar es clave. Además, no hay problemas con la anticoncepción y los tiempos son más lentos, por consiguiente la duración del acto sexual también. Se disfruta mejor: no importa tanto la penetración y empiezan a servir más las caricias, los mimos. De cualquier forma hay una realidad: para llegar a disfrutar de ese momento no hay que haber perdido la pareja antes.

Tiempos de tormenta

“Hay tres momentos clave en los que suelen surgir crisis de pareja”, asegura Diana Resnicoff. Con la información necesaria, es posible afrontarlos y saltar el obstáculo, llevándose una buena enseñanza de cada experiencia.

 

*La barrera de los 7 años. Entre los 7 y 10 años de vida en común puede aparecer una crisis que los psicólogos han llamado ‘de habituación’. La habitualidad de todas las conductas, la repetición como forma ilusoria de mantener un equilibrio hace que en algún lado surja el quiebre y esos mismos comportamientos comienzan a dejar de resultar interesantes o atractivos. Esto se puede traducir en la pareja como incomunicación o malos entendidos, apatía o desapego.

 

*La llegada del primer hijo. La irrupción de un bebé en la casa trastoca completamente el ritmo de vida. Pasar de ser dos a ser tres, no es fácil. Muchas cosas cambian y muchas parejas pasan a ser padres y lentamente se va perdiendo la comunicación, la intimidad, la sexualidad y por supuesto sobreviene la crisis.

 

*La marcha de los hijos del hogar, y otras circunstancias que supongan una crisis personal. Casos como una enfermedad, la jubilación de una de las personas o similares, provocan la misma situación de gran tensión, especialmente si la pareja no realizó un trabajo ‘preventivo’: cuando uno sabe que esto va a pasar, puede anticiparse para no reaccionar sólo cuando ya se ve sumergido en el problema. “Claro que esta crisis sobreviene muchas veces sin que ninguna de las dos partes tenga ningún deseo de que suceda, ni mucho menos de romper la pareja. Cuando esto ocurre, tal vez sea el momento de buscar ayuda terapéutica”, explica Resnicoff. De esa forma, es posible impulsar la comunicación entre los consultantes, observando y reforzando los aspectos positivos de la relación y relativizando los negativos.

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